Anoche en Tor di Quinto no fue solo un partido de fútbol. Fue algo más profundo, algo que quien no es Laziale difícilmente puede comprender del todo.
Nosotros estábamos allí. Nosotros, juntos.
Estábamos allí, quien con su bufanda, quien con banderas y estandartes apretados entre las manos, todos con un nudo apretado en la garganta. No era una velada como las otras, no era la víspera de siempre ni la típica cita antes del partido fuera del estadio o en Ponte Milvio. Fue una de esas veladas en las que se permanece unidos incluso cuando duele, sobre todo cuando duele.
Mientras en Bergamo se jugaba una semifinal importante, nosotros elegimos estar allí a nuestra manera. De estar allí como pueblo, antes incluso que como hinchas. Porque ser Laziali no son solo noventa minutos, no es solo el resultado. Es pertenencia. Es reconocerse en las miradas de los demás sin necesidad de explicarse.
Niños a hombros de sus papás, grupos indisolubles de amigos, familias enteras, todos unidos por algo que va más allá del fútbol. Es en estos momentos cuando se comprende cuánto la Lazio no es solo un equipo, es casa, y los ojos vidriosos tras los penaltis contaban más que mil cánticos.
Cantamos y no con la despreocupación de las grandes victorias. Cantamos con la voz rota, con la conciencia de quien está llevando adelante una protesta sufrida, que nace del amor y no de la distancia.
Nunca nos alejamos de verdad, permanecemos allí. Juntos, unidos.
Tor di Quinto anoche fue un abrazo colectivo. Una ocasión más para que el pueblo Laziale demostrara al mundo que, a pesar de todo, estamos siempre. Que la Lazio vive en nosotros, en nuestra cotidianidad, en nuestras elecciones, incluso cuando son difíciles de comprender o de explicar, sobre todo a quien está fuera de este contexto.
En noches como esta se subraya la diferencia entre la presencia y la esencia. ¡Tor di Quinto anoche fue la enésima confirmación de que la esencia de la Lazio es su gente, de que la Lazio está donde están los Laziali! Un pueblo que sufre, sin duda también dividido entre ideas e ideologías diferentes, pero que al final se reencuentra siempre en el mismo lugar, por los mismos colores y por el mismo amor.
Duele aún más pensar que en menos de un mes se jugará el Derby y no estaremos allí, en la grada, haciendo lo que siempre hemos hecho.
Estaremos fuera, una vez más. Pero estaremos juntos como un único cuerpo y una única voz. Ser Laziali es una forma de vivir. ¡Y ninguna ausencia podrá jamás borrar la esencia!

