La economía de la afición: un artículo explica cómo Lotito está saboteando a la Lazio
Introducción
El fin de semana descubrí un estudio muy interesante publicado en la Sports Economics Review por Arrondel, Gayant y Laslier, que aborda una pregunta que pone patas arriba muchas certezas del fútbol moderno:
"¿Tiene sentido pagar a los aficionados más apasionados para que vengan al estadio?"
La respuesta, sorprendentemente, es sí.
Y no por romanticismo, sino por lógica económica.
Según el artículo, los ultras –los aficionados más demostrativos, los que crean ambiente– aumentan directamente el nivel competitivo del equipo, mejoran los resultados deportivos y, por tanto, incrementan los ingresos por derechos televisivos.
En algunos casos, el modelo teórico muestra que el precio óptimo de la entrada puede ser cero o incluso negativo: el club debería subvencionar la presencia de los aficionados más apasionados.
Una frase del documento es iluminadora:
«Gli ultras contribuiscono al livello competitivo del club insieme al talento della squadra, e quindi indirettamente aumentano il numero di vittorie.»
"The ultras contribute to the competitive level of the club along with team-level talent, and therefore indirectly increase the number of victories, hence the revenue from TV rights."
Ahora, intente leer estas conclusiones a la luz de la protesta «Libera la Lazio».
El contraste es clamoroso.
La paradoja Lazio: cuando la teoría económica dice una cosa y la presidencia hace lo contrario
La protesta nace de un sentimiento extendido:
el club no valora, no escucha y a menudo obstaculiza a la hinchada organizada, tratándola como un problema en lugar de como un activo estratégico.
Y sin embargo, según el artículo, los ultras son un factor productivo del éxito deportivo.
No un coste.
No una molestia.
Una inversión.
1. El ambiente es un capital competitivo
El artículo afirma que el ambiente generado por los aficionados es parte integral de la «producción» del resultado deportivo:
«Le partite sono una produzione congiunta di tre attori: le due squadre e i tifosi.»
"Los partidos son una producción conjunta de tres actores: los dos equipos y los aficionados."
La Lazio, en cambio, vive desde hace años una fractura entre la Curva y la presidencia que debilita precisamente este capital.
2. Precios altos = menos ultras = menos competitividad
El modelo muestra que subir los precios aleja a los aficionados más demostrativos, reduciendo el efecto del jugador número 12. Lotito incluso los aleja haciéndoles la guerra. Aficionados que siempre han estado presentes a pesar de las políticas antipopulares propuestas constantemente por la actual presidencia.
3. Solidaridad con los aficionados y periodistas atacados: una batalla que dura veinte años
El resultado más sorprendente del artículo es claro:
«Il club potrebbe avere interesse a pagare i tifosi più dimostrativi.»
"El club podría tener interés en pagar a los aficionados más demostrativos."
Sin embargo, mientras la literatura económica reconoce el valor estratégico de los ultras, la historia reciente de la Lazio cuenta exactamente lo contrario: una guerra larga, sistemática y a menudo brutal contra la hinchada organizada y contra cualquiera que intente contar la realidad sin filtros.
Una solidaridad necesaria
Es imposible no expresar una solidaridad profunda hacia todos aquellos que han sufrido difamaciones, restricciones, campañas mediáticas y denuncias.
Esta dinámica no nace hoy.
Hunde sus raíces en 2006, cuando comenzó una temporada de conflicto abierto entre la presidencia Lotito y el mundo de los Irriducibili, con una serie de batallas que han marcado a toda una generación de aficionados: cierres, represión, criminalización de la afición, hasta la progresiva marginación de cualquier forma de disenso organizado.
El caso Repubblica: cuando la narrativa se convierte en arma
El último episodio –el artículo publicado en la Repubblica que señala con el dedo a una imprenta definida como «anti-Lotito»– es un ejemplo perfecto de cómo la narrativa puede convertirse en un arma.
¿Por qué es problemático este artículo?
Confunde disenso con ilegalidad, como si criticar a un presidente fuera un acto subversivo.
Ignora veinte años de tensiones, reduciéndolo todo a un caso de orden público.
Refuerza la retórica del enemigo interno, alimentando la idea de que quienes protestan son automáticamente peligrosos.
Adopta una versión unilateral, sin cuestionar las causas profundas del malestar.
Es un periodismo que no ilumina: oscurece.
No explica: simplifica.
Y, sobre todo, no capta el punto central: el disenso no es un delito. Es un derecho.
4. Los clubes que apuntan a resultados bajan los precios
Las simulaciones del artículo muestran que los clubes más orientados a la victoria bajan los precios, aumentan el ambiente y aceptan menores ganancias de taquilla para obtener más puntos y más derechos televisivos.
La Lazio, por el contrario, a menudo parece maximizar el beneficio inmediato, no el rendimiento deportivo.
5. La protesta es racional, no emocional
La contestación «Libera la Lazio» no es solo una batalla identitaria.
Es perfectamente coherente con lo que la literatura económica sugiere:
un club que no valora a la afición organizada se daña a sí mismo, a sus resultados deportivos y a sus ingresos futuros.
Conclusión: la Lazio es un caso de manual de ineficiencia de gestión
El artículo termina con una frase que parece escrita para la Lazio:
«Sopra una certa soglia di diritti TV, può essere appropriato moltiplicare le iniziative gratuite o addirittura sovvenzionare la presenza dei tifosi più dimostrativi.»
"Por encima de cierto umbral de derechos televisivos, puede ser apropiado multiplicar las iniciativas gratuitas o incluso subvencionar la presencia de los aficionados más demostrativos."
Y sin embargo, la Lazio sigue tratando a los ultras como un problema.
La protesta «Libera la Lazio» no es solo una demanda de dignidad.
Es una demanda de racionalidad económica.
Es la exigencia de una presidencia que entienda lo que la ciencia económica ya ha demostrado:
sin el jugador número 12, no hay competitividad.
Sin competitividad, no hay crecimiento.
Sin crecimiento, no hay futuro.

